31 de Octubre, 1999.
El pasillo estrecho que conducía hacia otra puertecilla, estaba escasamente iluminado. Se oían ruidos amortiguados tras ella, y Frank se preguntaba qué sorpresa se encontraría tras ese panel oscuro.
El lugar tenía fotografías de tipos fumando que el chico de andar taciturno no pudo reconocer, sin embargo, Catrian sonrió al verlas. Jim Morrison, Kurt Cobain y Michale Graves, entre otros, se hallaban retratados con cigarrillos consumiéndose y amenizaban la entrada al recinto, en blanco y negro.
Cruzar esa puerta fue una verdadera odisea. El local estaba abarrotado de personas con máscaras, saltando de un lado a otro y coreando una canción estrepitosa que Iero desconocía por completo. El humo del cigarrillo se estancaba en el techo oscuro, la escasa luminosidad y el ambiente rápido le hacían sentirse mareado, y perdió de vista a sus acompañantes. Una ola de personas se abalanzó sobre él y lo capturó entre un mar de cuerpos sudados, dominados por una adrenalina que él no comprendía del todo. Una mano delgada y pálida lo arrancó del tumulto y lo condujo hasta la barra con iluminación en colores verde y púrpura, que iluminaba el escote de Amy y que delató el rostro de Catrian.
-¡Maldición, Iero!- dijo el oboísta, alzando la voz sobre la estrepitosa música rápida- ¡Ten más cuidado!
-¡Lo lamento!-se disculpó entre risas- ¡Todos están locos!
-Toda la gente aquí es igual de enferma que Catrian- se quejó la pelinegra sentada en la barra, mientras cruzaba la pierna.
-Si no te gusta, te vas- dijo el aludido con indiferencia- ¿Qué te parece a ti, Frankie-stein?
-Es perfecto.
-¡Excelente! ¿Qué te sirves entonces?- el chico observó al indeciso festejado y ordenó una ronda triple de cerveza, convidándole a disfrutar del espectáculo un tanto apartados mientras se ambientaban.
Frank no podía sentirse más cómodo con el chico que le acompañaba, e ignorando la presencia apestada de su amiga, se dejó envolver por el ritmo rápido de los tambores, las guitarras rasguñadas y la voz del muchacho que parecía desgarraba sus cuerdas vocales cuando casi le gritaba en la cara sus letras que no tenían ningún sentido musical. Todo parecía desordenado y extrañamente le agradaba la poca coherencia que todo ello tenía. La decoración ayudaba bastante y esa bandera de los Estados Unidos volteada, con una cara de Frankenstein pintarrajeada con spray era fantástica. Toda esa rebeldía junta, los golpes y el alcohol que volaba por los aires, le tenía cautivado… aunque no se viera participando de ello.
-¡Hagamos un brindis!-propuso la única chica, alzando su enorme vaso- Por el cumpleaños de… ¡Ah!
Algún muchacho imprudente había ido a dar a la barra y había empujado a Amy, quien derramó todo su licor sobre sus piernas y su escote. Frank y Catrian rieron antes de brindar.
-¡Salud por Amy!- dijeron al unísono, entre risas.
Ambos se detuvieron cuando la muchacha escandalizada se levantó, les arrojó lo poco que restaba en su vaso a la cara, y se marchó indignada del lugar. Cómplices, los dos muchachos estallaron en carcajadas y el chico de ojos verde hiel bebió su primera bebida alcohólica de un único sorbo. Dejó caer el vaso sobre la barra de madera con un golpe y, acompañado de los vítores del chico-punk, se dejó embriagar por la excitación que la música y el ambiente le proporcionaba de manera gratuita.
Jamás en su vida Frank había sentido la música de esa manera. Jamás había conseguido dejarse envolver por un ambiente tan bizarro, jamás había visitado un bar y esa experiencia, le parecía única, inigualable. ¿Aplausos? No eran necesarios ni comparables con la adrenalina estrepitosa del recinto que se bombardeaba a gritos de lucha. Eso parecía, una guerra dentro del pequeño local, una guerra que no tenía bandos contrincantes, sino que un único fin en común, la diversión extrema.
-¡Hey!-le llamó su acompañante-¿Preparado para algo más fuerte, muchacho?
Iero se encogió de hombros y lo observó mientras encendía un cigarrillo. Recordaba haberlo probado, recordaba el sabor pasoso que tenían los labios de Amy, amargos, y el desagradable olor a menta y tabaco de su aliento, antes de quitarle de entre los dedos el pitillo a su amigo. Lo caló profundo, pero fue demasiado para sus desacostumbrados pulmones y se ahogó con el dióxido de carbono. La vista se le nubló entre lágrimas y lo mismo al chico de vestimentas oscuras, quien se desternillaba de la risa en su banquita de la barra. El bajito lo golpeó, contagiándose de su risa.
-Eres todo un caso, Iero- rió el otro chico quitándoselas lágrimas de los ojos- Te falta vivir, ¿qué has estado haciendo?
De pronto, Frank recordó su piano, las noventa y siete teclas, blancas y negras, su marca Yamaha en letras doradas, el brillo lustroso de su superficie, el banquillo, las partituras, los pedales y el atril. Miró fugazmente a su alrededor, no había piano, ni muebles con libros empolvados, ni una mesa con un mantel tejido.
Sonrió y le dio otra calada al cigarrillo, sintiéndose libre por primera vez.
-Cuéntame entonces…- se le acercó el oboísta- ¿Qué te traes entre manos con Amy…?
-Nada- se sinceró, reposando su cabeza en un pilar de la barra que los relegaba a un rincón. Sintió una desagradable sensación en el estómago y algo inexplicable en los ojos. No sabía si se le iban a salir, o si de pronto su visión se hacía menos exacta por efecto de las luces púrpuras y los láseres de color verde que continuaban iluminando a una multitud encendida.
-Eres de muy pocas palabras. Quiero detalles, ¿Te… acostaste con ella?-sonrió pícaro.
Frank entonces cerró los ojos y se sintió asqueado recordando la experiencia. No, para nada era que no le gustaran las chicas y por ningún motivo era algo contra la atractiva Amy, sin embargo… Tal vez nunca fue lo que buscaba con ella. Jamás pensó que podría comportarse como un animal, como una bestia salvaje frente a ningún ser humano. Eso le avergonzaba, le hacía sentirse burdo y asqueroso, aunque ya se fuera a cumplir un año de ese encontrón.
-¡Lo sabía! Tu silencio otorga, Frankie-rió el chico, sin acabar su cerveza todavía. Ordenó otra para su acompañante, quien decidió beber con más moderación en lo que restaba de la noche.
-No es nada del otro mundo- dijo recibiendo su trago, intentando restarle importancia al hecho.
-Nada del otro mundo- repitió el chico de ojos llamativamente celestes, haciendo un gesto burdo con ambas manos sobre su tórax, imitando los pechos enormes de su amiga- Una rusa allí, eh ¿Qué tal?
No pudo evitar la sonrisa, y para ocultarla casi se bebe de nuevo su cerveza completa. Recordaba haberse masturbado entre los pechos de la chica, por sugerencia de ella misma y un montón de otros detalles desagradables que incluían fluidos y embestidas animales en posiciones extraordinarias. Lamentablemente su primera vez era así de digna de recordar… y había sido, maldición… muy buena. Sin embargo no quería repetirla. No con Amy.
-Y qué, ¿tú no te has acostado con ella?- intentó zafarse del tema, mirándole a los ojos y calando por tercera vez el cigarrillo. Se arregló el cabello hacia un lado en un gesto inconscientemente provocador, dejando entrever la única rebeldía extrema que marcaba su existencia: El tatuaje del escorpión en su cuello, debajo de la oreja.
-Oh, claro que sí- rió el otro muchacho- Hey, ¿me traes otra cerveza?- consultó al tipo que atendía la barra, extendiéndole un nuevo billete. Volvió la vista hacia Frank con una sonrisa distraída- Pero la gracia es que tú me cuentes tu experiencia. Amy no es santa de mi devoción, y aunque no quisiera hablar mal de ella, todos conocemos sobre su mítica reputación…
Al chico de ojos verde hiel le pareció gracioso el énfasis de su compañero en las primeras tres sílabas y decidió que tal vez era hora de sacarse el tabú de encima y conversar con Catrian de aquello. Mal que mal, sólo era sexo, común, normal, corriente, animal y malditamente placentero.
-Sólo fue una noche- admitió Frank-, después de su presentación como concertino el año pasado.
-¡Vaya!- rió Catrian, recibiendo su fermentado y el cambio- Con los chicos sospechábamos que se había llevado a Robert, ya sabes, ese con cara de psicótico que toca la trompeta…
Frank arqueó una ceja.
-¡Literalmente la trompeta!- rió y Iero le acompañó-Ambos empinaron sus cervezas y el muchacho de la chaqueta de cuero, acabó el contenido de su vaso de medio litro envuelto en una deliciosa sensación de libertad.
-Comentan mucho ustedes sobre Amy, al parecer- dijo intentando parecer astuto, con la poca sobriedad que le iba quedando.
-Oh, no es como que nos juntemos a discutir sobre sus movimientos en el tablero de Juilliard- dijo el punk-rocker con cierto aire apático. Volvió a sus cabales, removiendo algo en el bolsillo de su pantalón y sacó otro pitillo de tabaco. Le ofreció al festejado, quien se negó educadamente, en lo que él encendía su cigarrillo Camel clásico.- A veces hacemos el comentario… y es que, ¿para qué te voy a mentir Frank-en-stein?, Amy es una diosa griega entre las sábanas.
Frank se limitó a una risilla cómplice y observó cómo una chica con un enorme contrabajo blanco se apoderaba del escenario mientras le instalaban un micrófono clásico 55SH.
Ella iba con el peinado extravagante, un vestido negro ajustado a sus prominentes curvas y un velo que cubría su rostro. Dos chicas más se pararon en el escenario, ambas disfrazadas de muñecas y tras ellas, dos guitarristas y un chico en la batería; todos de traje oscuro y con las caras maquilladas como cadáveres en descomposición. Catrian se paró un instante, en el preciso segundo en el que la chica se quitaba el velo y dejaba al descubierto un bello rostro de labios color pasión. Frank se concentró en su amigo, mientras distraídamente aceptaba otra cerveza que alguien a su lado le había extendido con una sonrisa coqueta.
-Patricia Day-alcanzó a oír el muchacho de cabellos castaños a su amigo; idiotizado amigo.
-Hey guys.
La voz de muchachita sensual con la que había saludado, no se comparaba para nada con lo que oiría después. Las guitarras distorsionadas sonaron a un ritmo menos veloz que la banda anterior y el contrabajo sonaba muy bien con esos ritmos introductorios. Cuando la chica comenzó a cantar, la potencia femenina le llamó la atención y se concentró, mientras bebía en lo que Patricia Day interpretaba.
They're always there to buy me a drink.
They're always there to drive me home,
but their hand always kind of slips
from my shoulders down to my tits!
Catrian entonó el coro de la canción con ímpetu, junto a toda esa multitud de jóvenes que buscaban encajar en el único lugar donde nadie encajaba.
Ghouls, they keep me company
it's like i'm the wife of halloween
hey! it's a horror movie theme
hell i know...
Se divirtió mientras sentía ya el alcohol subiendo por su cerebro a una velocidad vertiginosa. Llevaba algo así como un litro y medio de cerveza, él no bebía y sincerándose consigo mismo, después del primer vaso, había dejado de sentirse completamente en sus cabales… si es que en algún minuto tras salir de su casa lo había estado.
They always wants to see monster movies
so they can hold me when they think I get scared
they are surprised when I'm not turned on
by their fantasies about how it's done.
Sus pensamientos flotaron hacia la llave de sol colada entre las dos montañas que Amy cultivaba en su pecho y en algún minuto, se vio cabeceando con Catrian abrazados y él, completamente ebrio.
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