Conversación en una micro desde Valpo.



-…Al final este sistema reculia’o está corrompido por pendejos como esos, todo está lleno de hueones hijitos de papá, que no se sacan la cresta por ni una hueá’. Cáchalos, se creen bacanes con expansiones en las orejas, pero pregúntales qué piensan sobre la decadencia, cómo los afecta que la hueá’ de micro haya subido 20 pesos. Apuesto a que los culia’os no se dan ni cuenta…

-Puta, ese loco igual tiene razón…- dice mi hermano en voz baja.

-No sé, igual el hueón se fue en la media rama- comenta su polola, mirando a los pendejos que se quedan en el paradero de la micro, por no subirse con ellos.  

-Tiene razón po’, te diste cuenta tú de que la micro subió esos 20 pesos? Te afecto en algo? A la larga somos hueones que nos creímos bacanes, tuvimos una época de oro y después nos fuimos a la chucha. Todos, tú, tú, él, yo y los huevones que van con él.

-Yo no me he ido a la chucha- dice más cerca de mí- yo sigo peleando.

-En volá’ sí, pero te subiste a esta micro y pagaste los 20 pesos. Pagaste porque te raparan, la pinta es transgresora , sí, pero va’i a pagar cuando lleguí’ al supermercado pa’ tomarte una chela en la playa. No es tan fácil salirse de esta mierda.

-Cacha’i la hueá que me esta’i diciendo? Vení’ con una camisita bonita, pintura en la cara y tacos, qué hueá?

-Esta hueá es un disfraz- digo mirándome la facha.- la ropa en todo caso no simboliza lo que pienso. Ya estoy metida en la sociedad, me atrapó y alienarme ya no es una opción para nada.- Mi hermano me mira y mira al huevón, que tiene pinta de que me va a sacar la cresta, porque me saca por lo menos 20 centímetros  e intimida a cualquiera.- Al final te va a pasar lo mismo.

-No sabí’ ni una hueá, oh…

-De hecho, no. No sé mucho, pero también estoy resentida como tú, solo que mi forma de expresar ese descontento es diferente.

-Ya, Nino, córtala. Siéntate y para la hueá- Dice mi hermano. Le hago caso, tampoco es que quiera ganarme un golpe. Miro al pela’o y le sonrío.

-Pero siéntate aquí, no muerdo- sus amigos que van sentados un asiento más adelante lo miran y se ríen. Él acepta mi oferta y se sienta a mi lado.

-No somos ratones, esta hueá no nos puede atrapar. Está mala, la organización, el capitalismo, esa mierda política que tiene a un hueón payaso como presidente de este país que cada vez se hunde más en el hoyo, cuando tiene cachá’ de oportunidades de surgir.

-Estoy de acuerdo en la última parte, pero no en la primera. Dónde naciste? En un hospital. Dónde te criaste? En una casa, quizás no en la mejor casa del mundo, quizás no con la mejor gente del mundo, pero a esos huevones los llamas tu familia… Y la familia sigue siendo desde siempre el núcleo de una sociedad constituida. Después qué, creciste y te metieron al colegio?

-Esa hueá era una mierda, me salí.

-Bien, primer quiebre, pero qué te pusiste a hacer?

-A trabajar pa’ poder hacer mis…

-Listo. Estamos condenados desde que nacemos, porque todavía no sabemos una mierda y nos sacan de la guata en una institución social, llegamos a una familia, núcleo de la sociedad, establecemos vínculos, cachamos que estamos caga’os porque sin plata no se consigue ni una hueá y qué hacemos? Trabajamos. O robamos, pero al final a quién le estás robando? No al estado que te saca el alma con los 20 pesos que subió la micro, no a las instituciones que dominan el país, porque esos hueones tienen hueás de sobra pa’ regalar si recibieran un beneficio por eso. Le esta’i robando al huevón que está más caga’o, al pobre viejo que tuvo que sacarse la chucha pa’ montar un negocio, al viejo culia’o que te dio la moneda en la calle pa’ que te tomarai una chela, porque él alguna vez también estuvo en la misma que tú.

-No estoy vendí’o con esas ropitas cuicas po’.

-En volá no, pero ese polerón de Los Misfits que andai trayendo se lo compraste a algún hueón, aunque sea por cinco lucas, está hecho en Gringolandia y es el producto de la comercialización de la banda. Tú no sabí, pero mi vieja desarmó una sábana pa’ hacer esta blusa, porque yo tenía que salir vestida formal. Los tacos son de la vecina y los pantalones que ando trayendo son jeans, porque no tenía plata pa’ pantalones de tela.

Se queda callado, yo miro que ya se ha pasado la mitad del camino a mi casa. Igual me queda el vacío en la guata, porque es verdad que soy una vendida al sistema, que estoy vestida acorde a cánones sociales establecidos por un mundo en el que las apariencias lo son todo.

-Al final la hueá es siempre lo mismo…-dice más al aire que para mí.

-Por último eres más sincero que yo en tu manera de vivir, pero eso no te hace un verdadero transgresor. Pa’ poder borrarse de este sistema tendríai que fingir tu muerte e irte a vivir a una cueva como un ermitaño, solo y comiendo hueás del bosque y tomando agua del río.

Se ríe y me mira, sin recelo.

-y por qué tú no eres sincera?

-porque yo ya me vendí,- digo con pesar- estoy estudiando en la U. Ya no soy libre, porque antes de entrar, esa fue la última chance que tuve de romper los patrones y terminar alejándome de la hueá, pero por el contrario, me encadené solita. Y ahora ya estoy presa, porque cagué, no me puedo salir de esto.

-te arrepentí?

-A veces… pero tengo otras herramientas pa’ cambiar el mundo.

-Nino- me dice mi hermano con su voz ronca. Lo miro y miro hacia afuera, ya nos tenemos que bajar. Me paro y él me da la pasada. Toco el timbre y el viejo de la micro para.

-¡Oye! Cómo te llama’i?- me pregunta cuando estoy por bajarme.

-Ninoska. Y tú?

-Soy el Nico. Anda al Huevo el sábado, juntémonos en el Blockbuster.

Me río y me bajo sin decirle nada. Cuando la micro parte, sus amigos y él se quedan mirándonos. La polola de mi hermano es la primera que habla.

-Uy, pinchaste- se ríe de mí y yo me río también, caminando a la casa.

-Oye- dice mi hermano- y cuáles son tus supuestas herramientas pa’ cambiar el mundo?

-Ustedes, po’. Si logro hacer que piensen críticamente respecto a sus acciones y decisiones en la vida, a que hagan juicios respecto a lo que les dicen y que no se crean todo, que siempre pregunten por qué y todas esas hueás, mi herramienta fue efectiva. Esa hueá se pasa de generación en generación. En volá yo sí me vendí al sistema por cuenta propia, pero aunque no tenga las pintas de esos hueones y ya no use las mechas teñidas, el descontento va adentro. La hueá es hacer algo, siempre.

Mi hermano me sonríe y avanza. Su polola prende un pucho y lo sigue, mientras yo veo la micro alejarse y pienso en todas las hueás de la U que tengo que hacer para el lunes.

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