De pronto se descubrió allí, golpeándose la cabeza contra el muro que recitaba desde hacía años la frase que jamás había gritado con más ahínco que en ese concierto de The Smashing Pumpkins: "Despite all my rage I'm still just a rat in a cage". Se sintió más rata que nunca, atrapada en esa habitación que le traía tantos recuerdos. El suelo con los vestigios de los poemas que alguna vez había escrito allí, el techo que ella misma había embetunado de pintura blanca para tapar las frases que pedían auxilio a gritos cuando era adolescente, los razguños en la pared, la imitación del cuadro de Picasso, el cristal de la ventana trizado por el último golpe que le había dado. Los libros que antaño alojaban hojas filosas, los pequeños tesoros que había acumulado con los años... Hasta incluso, rebuscando entre las cosas, encontró el pedazo de alfombra despegado suelo en el que guardaba las telas llenas de sangre de sus brazos. Todavía estaban allí.
Sonrió con nostalgia. Se encogió en la ventana, era una esponja nuevamente y estaba absorviendo todo lo que le hacía mal. Necesitaba volver a su espacio, donde nada ni nadie podía perturbarla, salvo ella misma.
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