Falta dolor y alcohol. Alcohol, sobre todo falta alcohol. No puede
escribir si no tiene algo que le duela, si no hay una espina atravesada
en su columna vertebral que cause estragos con su existencia. No hay
alcohol tampoco.
Hace días que no hay. Hace meses. Hace más de un año.
Se curó de la herida que tenía, aquella que se infectó. Ahora que
está bien no debería quejarse, pero lo extraña. Extraña perderse horas
en el vacío, extraña sentirse miserable, extraña el desgaste de las
noches en vela. Quizás también extrañe, solo un poco, su compañía. O al
menos la idea que tenía de que le acompañaba.
Extraña escribir. Extraño escribirte.
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