Estaba demasiado drogada para pensar mucho al respecto...La zona de comodidad se arrastraba entre pilares infinitos y golpeó su cabeza contra sus adicciones, con una sonrisa itinerante al tratar dediscernir cómo había llegado a todo aquello. Volvió a sonreír, esta vez con el recuerdo de las noches en vela y la argolla en los labios, algunas historias, un par de ojos coloridos tras las gafas, una
fecha, un número en particular. Varias letras recorrieron su cabeza y el constante desafío de la mafia le volvía frágil, una aprendiz
de la cotidianeidad. Le gustaba así, le gustaba ignorar -conscientemente- que ya no era del todo un desconocido.
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