#21 Autodestrucción

Pasaron muchas cosas en dos días que recordaba a medias. La desilusión la había apresado de pies a cabeza y, tirada en un rincón de su habitación, lo recordó entre las páginas de un cuaderno viejo y desordenado que relataba la historia.
Golpeó su cabeza contra el gélido piso, respirando polvo y el aroma a perdición de sus ropas. Tenía un cigarrillo que alzaba sobre su cabeza, pero sus pulmones no podían más y aunque siguiera bebiendo de esa botella roja, su boca seguía reseca y continuaba perdiéndose y continuaba mareada y continuaba pensando por qué había ocurrido todo ello, por qué no le había mirado a los ojos, por qué no fue capaz de decirle que era un imbécil y luego aferrarse a su cuerpo antes de volver a quedar sola.
No, no lo quería como antes. Nunca lo había querido de esa forma... Tal vez por eso es que no insistió  y se despidió para siempre.
Se estaba congelando en el suelo, pero daba lo mismo. Ya estaba fría por dentro, qué importaba si el resto de su cuerpo dejaba de sentir. Ella cedía ante el  monstruo del tedio y le convidaba a su morada, le ofrecía de su botella con la satisfacción de que al menos "eso" la acompañaba, todavía lo sentía y dolía, todavía quería borrarlo, pero lo recibía de brazos abiertos.
Seguía viva, pero la adrenalina de acabar con todo le corroía y sonreía mientras el abrazo de la inconsciencia le cortaba la respiración.

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