No era vengativa. Ya no. Consideraba que malgastar su tiempo planificando el hacerle daño a las personas no era digno, si podía desahogarse con unas cuantas letras, alcohol y cigarrillos.
No hay nada en este mundo que no se pueda solucionar con una botella de vodka y música.
Por dentro algo le dolía... y el dolor se convertía en rabia, y la rabia se acumulaba y se transformaba en resentimiento. Cientos de preguntas querían sofocarla, pero ella las ahogaba entre gritos y acordes melodiosos (¿Dónde estabas cuando te necesité?). Miraba el techo albo de su habitación y comenzaba a dar vueltas (Estás enfermo, estás muriendo), con la única luz de su cigarro iluminando todo el paisaje muerto.
Entonces apareció ese rostro y quiso golpearlo con sus palabras, pero no salían de su boca. Nada salía de su boca.
(Intento hablar y utilizar la semántica correcta para no decir que tengo miedo a perderme nuevamente. Miedo a no encontrar la salida.)
Gracias especiales a Tenemos Explosivos.
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